Ajustes
viernes 6 de noviembre de 2009
Ahora que el peregrinaje ha terminado, que después de tanto tiempo he establecido campamento fijo, llega el tiempo de hacer algunos ajustes. En definitiva comprometerse, se ve distinto cuando uno está de paso que cuando no hay para donde correr, cuando cualquier compromiso se ve más como algo a largo plazo que como algo temporal, algo transitorio.
Cuando se vive como gitano, de un lado a otro, uno debe ser capaz de poner toda su vida en un par de maletas y cualquier cosa que se adquiera que no sea posible empacar fácilmente deberá ser práctica, funcional y resistente, pero, dentro de lo posible, económica, pues al llegar el siguiente cambio deberá ser vendida, regalada o desechada.
Invertir en una computadora de escritorio, en accesorios de cocina, en un televisor grande, en un cómodo sillón o en una nueva cama, por mencionar algunos, eran cosas que apenas consideré por mucho tiempo, pues eran cosas que en unos meses se convertirían en un problema. Ahora, aún cuando no tengo planes inmediatos de hacer gastos de ese tipo, resulta refrescante saber que son posibilidades que puedo considerar en cualquier momento.
El hospedaje y vivienda es otro tema que se ve afectado, la idea de comprar algo propio empieza a ser algo recurrente en mi cabeza, aunque por el momento esté bien como estoy. Somos cuatro roomies –roommates, aunque el término adecuado sería housemates, pues compartimos casa, no habitaciones –, tres caballeros y una dama, y nos vá bastante bien. Bueno, en realidad no somos cuatro, sino cinco (la aclaración un poco más adelante).
Durante años viví solo, condición que tiene sus ventajas, pero, sin duda, es bueno el llegar a una casa que no está vacía, un lugar a donde es posible llegar para encontrar compañía, comparado con un lugar al que es necesario llegar acompañado para no estar completamente solo. Y aún cuando no se tiene la total privacidad de vivir solo, se tiene suficiente privacidad cuando cualquiera no se siente muy social o tiene ganas de estar un poco solo.
Ajustarse en el campo sentimental puede ser lo más complicado. La alternativa de comprometerse a largo plazo o, al menos, sin un límite preestablecido contrasta grandemente con tener relaciones casuales y otras no tanto, pero que tienen, desde que inician, una fecha de expiración. No que esté pensando en casarme con la primera con quien me cruce, ni tengo en mente a alguna mujer con la que piense ir a vivir mañana, no, pero ahora que se acabaron los pretextos (antes eran razones ¡y muy reales!), ahora que es una posibilidad, cuesta un poco ajustarse.
Afortunadamente no llevo mucha prisa y es posible empezar despacio con el tema de compromisos a largo plazo; es ahí donde entra el nuevo huésped en casa, el quinto roomie.
Siempre me han gustado mucho los animales, especialmente perros y gatos, pero no es posible tener mascota cuando se lleva una vida itinerante. Habiendo cambiado la situación hemos aceptado un nuevo huésped en casa, mi roomie –la amiga con quien compartimos vivienda – ¡me ha regalado un gato!
Sin más preámbulo, les presento a Tommy:


